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¿Quién mató a Drácula?

“The love-bite, it is the beginning. You will be irrestible.” Bela Lugosi.

Para algunos la imagen canónica del vampiro a través del cine está dividida entre Christopher Lee y Bela Lugosi. A lo largo de la historia del séptimo arte hemos visto vampiros, convertirse de monstruos abominables a intrusos con capa, a chistes ridículos, a chicos atractivos y a chicos aún más atractivos. “El vampiro se extiende, cunde, cambia de rostro, de nombre… Más que transformarse, el vampiro evoluciona.”(Segovia F., 2004, pág. 13).

Nacido de la imaginación del escritor Bram Stocker, Drácula ha sido una inspiración para cientos y cientos de novelas, películas, personajes, videojuegos y demás. Stocker se inspiró en la figura histórica del príncipe rumano Vlad Draculea también llamado Vlad el Empalador, por su manera tan peculiar de celebrar sus victorias en batalla. Pero la primera cinta de vampiros data de antes de la publicación de Drácula, se trata de Le manoir du diable (George Méliés).

Las leyendas urbanas de chupa sangres siempre han existido. Espectros despiadados que vuelven a la vida para aterrorizar a los ciudadanos de algún pueblo, no-muertos que asechaban a sus familiares, merodeadores de la noche, los que siempre vuelven. El cine es una herramienta más para la propagación del mito del vampiro. No en vano Drácula es el personaje de ficción con más adaptaciones en el cine. Parte del fervor inicial del vampiro en el celuloide la tiene Bela Lugosi que convirtió al vampiro en un monstruo que detrás de la capa y la sonrisa malévola escondía un ser vulnerable. Cada no-muerto chupa sangre a través de las tiempos ha sido interpretado de maneras muy peculiares, tan diferentes han sido los vampiros en el cine que actualmente los podemos ver en las carpetas escolares de las quinceañeras con una sonrisa incitando perversiones que toda señorita puberta sueña en la soledad de su habitación (me refiero a la funesta saga de Crepúsculo).

Allá por los años 50’s el trofeo al mejor vampiro fue heredado a Christopher Lee, gracias a la productora inglesa HAMMER FILM que llevaron a Drácula de nuevo a los primeros lugares en taquilla. Lee es más conocido para las nuevas generaciones por El Señor de los anillos o Star Wars, pero su interpretación del Conde Drácula es para algunos la mejor versión de todas. Este vampiro era más sanguinario, con ojos rojos intensos y mucho más sexual que antes. Aunque la cinta no es muy fiable a la novela, si acierta en uno de los temas que no se habían tocado en adaptaciones pasadas: el intenso tono sexual de Drácula. Las escenas en la cama mezclan el deseo y la repulsión, la lujuria y la violencia. Esa batalla de la típica víctima siendo seducida por el vampiro se repetiría una y otra vez en generaciones por venir, llegando a pervertir el mito del vampiro hasta rincones muy extraños.

Los años 60’s y 70’s fueron las épocas de los vampiros más radicales y extravagantes. En 1967, Roman Polanski estrena El baile de los vampiros, introduciendo así al primer vampiro gay de la historia. En 1966, William Beaudine filma Billy the Kid vs Dracula, el primer western de vampiros. En 1974 las cosas se ponen más locas cuando Paul Morrissey estrenó Andy Warhol’s Dracula. El príncipe de la media noche sufrió una transformación racial en 1972 con Blacula, la primera cinta donde el conde era de raza negra, un género que después sería conocido como Blackexplotation.

Luego llegaron los 80’s… Como era de esperarse, el vampiro sufrió la hibridación más típica de la época, la combinación con el sci-fi, donde podemos rescatar a la cinta LifeForce. Los vampiros tomaron rumbos domésticos, mundanos y modernos, se volvieron tus vecinos (Fright Night), la chica rebelde de la que te enamoraste (Near Dark), tu mejor amigo (My Best Friend is a Vampire) o una banda de bullies (The Lost Boys). Los vampiros se mudaron al mundo de los vivos, se volvieron algo cotidiano, pero aun así peligrosos.

Los 90’s fueron algo inconsistentes. Algunos vampiros fueron graciosos (Buffy the Vampire Slayer), seductores (Embrace of the Vampire) o hasta simpáticos (Innocent Blood). Lo que si fue cierto es que el vampiro volvió a ser un monstruo. Del Crepúsculo al Amanecer, Vampires y Bram Stroker’s Dracula, todos fueron vampiros que se les temía hasta el punto de tener que cazarlos y matarlos.

Y luego llegó Entrevista con el vampiro, la primera de la serie de Crónicas vampíricas de Anne Rice. Esta cinta lo cambio todo, el vampiro se convirtió un objeto filosófico del romance donde te matarían tan pronto te besaran. El arquetipo del vampiro romántico nació y desde ahí no paró.

El Nosferatu ha sufrido incontables transformaciones, tantas que me ha hecho preguntarme si en realidad Drácula sigue vivo. El arquetipo del monstruo despiadado, chupasangre, lamia, espectro de la noche, ¿Ha muerto? ¿Es acaso este vampiro vegetariano y aburrido (Edward Cullen, Vampire Daires, etc.) lo único que nos queda? Me reuso a creerlo.

Aunque la industria comercial te quiera vender a este vampiro romántico, que no busca la sangre de humanos y brilla con la luz, Drácula no ha muerto, su legado sigue vivo (irónico). Underworld, Blade, Let Me In, I am Legend, What we do in the Shadows, A Girl Walks Home Alone at Night y la sublime Only Lovers Left Alive; el vampiro lúgubre, vil, despiadado y chupasangre sigue vivo. El mito del vampiro es inmortal. La búsqueda de la vida eterna, la alegoría del deseo y la sexualidad, la fantasía del poder y la fuerza –estas cualidades siempre serán atractivas.

“Si ‘la sangre es la vida’, ¿tiene la muerte sed de vida, sed de sangre? Y si tiene sed ¿no está a su modo vida la muerte? […] Lo importante en Drácula no es la vida: es la avidez.”(Segovia F., 2004, pág. 21), mientras esto siga siendo cierto tendremos al rey de las tinieblas para rato.

Por: Alfredo Álvarez

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