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Reseña Chicuarotes

Es muy triste presenciar la manera en que un mexicano puede defraudar a otro. Penosamente, es lo que hace la segunda película que Gael García Bernal nos presenta como director, esta es su más reciente entrega, Chicuarotes.

La película es un malogrado sobre esfuerzo por presentarnos una vez más una de las realidades más difíciles de México, la pobreza y las consecuencias que conlleva la vida de miles que sufren de esta situación. En esta historia, «Cagalera» (Benny Emmanuel) quiere salir y dejar la pobreza en laque vive en su pueblo, San Gregorio Atlapulco, ubicado en Xochimilco, a las afueras de la gran ciudad; del gentilicio de este pueblo es de donde se toma el título del film, chicuarotes. «Cagalera» comparte su día a día, y sus rutinas de payaso para ganar algunos pesos, con su amigo el «Moloteco», un joven de poca expresión y que termina siempre siendo sonsacado por su amigo, ya sea para llevar a cabo sus rutinas cómicas en los microbuses o para asaltar los mismos.  En un afán por salir con dinero del pueblo que tanto lo sofoca, «Cagalera» orilla al «Moloteco» (Gabriel Carbajal) y a la joven que le gusta, Sugehili (Leidi Gutiérrez), a verse comprometidos en un  crimen desesperado, el secuestro del hijo del carnicero.

Chicuarotes, aunque puede tener aciertos en su forma, como la reluciente fotografía que mantiene su estética durante los tediosos 95 minutos, tiene asimismo repetidos problemas argumentales en su estructura y su ejecución. La historia nos presunta demasiados personajes y demasiadas subtramas que no terminan por concluir; la historia no es confusa, es claro que la atención se centra en los protagonistas, sin embargo termina siendo un melodrama cliché de mal gusto de aquel cine mexicano donde el pobre sufre de un sinfín de peripecias y desventuras. No hay personaje ni situación que no sea una caricatura del México actual; el coreografiado asalto de microbús con maquillaje perfectamente bien diseñado, los baños públicos relucientes de unos de los puentes de Xochimilco, el carnicero ceremonioso, y Daniel Giménez Cacho representando un papel de abusador bastante forzado, así como muchos ejemplos más no denotan otra cosa más que a un autor relatando una tema el cual no conoce, el cual no ha vivido.

Aunque es en sobremanera reconocible el talento actoral del dueto de Gael García Bernal y Diego Luna, también es en comparación reconocible el afán de esta dupla por defender temas del tipo socio-económico que vive en estos momentos nuestro país, es válido, claro, y por supuesto que debe traer alguno que otro resultado posible, sí también. Pero como demuestran sus ya gastados retratos de narcotráfico, este par no deja de querer retratar situaciones que claramente han sido ajenas a ellos. La película es bastante digerible y cómica para el mexicano promedio que asista a verla, pero para el mexicano, quién como su servidor, ha estado en contacto con la vida cotidiana de este pueblo y otros de la región, es una clara muestra que el director no hizo el esfuerzo de pasar unas cuantas noches allí con sus habitantes. Tan solo el malogrado intento de hacerle un homenaje a Canoa (1976) de Felipe Cazals en el linchamiento que quiere perpetuar el pueblo, solo demuestra la fantasía que el mexicano vive desde su burbuja 

Benny Emmanuel se exige demasiado, y nos muestra una construcción de personaje excelente que se debe de reconocer, sin embargo es opacado por la pobreza de su personaje que se pierde en los diferentes arcos, como en el del maltrato familiar de su figura paternal, arco que termina siendo un episodio con buena fotografía de Mujeres Asesinas. En mi opinión el mejor personaje llevado a cabo por un actuación bastante decente es la de Gabriel Carbajal como el «Moloteco», sus expresiones nos comunican demasiado y la falta de diálogos al menos terminan por no transmitir lo poco que saben de este tema los autores; bien lo dice uno de los personajes de Almodóvar en su reciente obra maestra, Dolor y Gloria (2019), no es mejor el actor que llora estridentemente y sin consuelo, sino aquél quien lucha por contener las lágrimas. 


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