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The Good Place o filosofía para principiantes

The Good Place parte de una idea familiar para todos, la existencia del cielo y el infierno, El Buen Lugar y El Mal Lugar respectivamente dentro de la serie para evitar polémicas con respecto a las creencias. Eleonor (Kristen Bell) despierta en El Buen Lugar, a dónde sólo llega la élite de las buenas personas. Rápidamente se percata de que ella no pertenece a ese grupo tan selecto de gente cuyas vidas fueron de una rectitud incomparable (Algunos hasta pagaron WinRAR). Afortunadamente para ella, en este paraíso existen las almas gemelas y la de Eleonor resulta ser un profesor de ética llamado Chidi (William Jackson Harper) quién le ayudará a convertirse en una buena persona para poder quedarse en El Buen Lugar.

Me acerqué a esta comedia por el antecedente de su creador Michael Schur, de cuya mente surgieron Parks and Recreation y Brooklyn Nine Nine, dos comedias aclamadas por el público y qué definitivamente recomiendo. Con ese currículum en mente, me desanime un poco cuándo inicié The Good Place, pues me pareció floja en cuánto a la comedia se refiere e incluso después de tres temporadas y 49 episodios puedo decir que el humor planteado en la serie no es para todos y muchas veces peca de bobo.

Establecido lo anterior, esta comedia de la NBC y distribuida por Netflix en nuestro país, tiene algo que los anteriores trabajos de Schur no habían presentado: Aprendizaje para el espectador. Y no es el tipo de aprendizaje en el que tienes que pensar lo que se plantea en el show sino que literalmente hay clases de ética. Podría sonar aburrido pero no hay que olvidar que la esencia de la serie es la comedia, y es lo que permite un acercamiento interesante a estas constantes lecciones filosóficas dentro del show.

Rápidamente en la serie se comienzan a plantear dudas filosóficas cómo qué es el bien y el mal, cuál es el significado de la vida, etcétera. Todo con el debido sustento de grandes pensadores como Aristóteles, Platón, Sócrates, Descartes, Kant, Maquiavelo y Nietzsche entre muchos otros. Sin duda esta es la mejor aportación del show pues el espectador comienza a cuestionar las decisiones que toman los personajes, cuyas personalidades suelen colisionar desatando los problemas desde diferentes posturas filosóficas y ofreciendo varias respuestas a una misma encrucijada. La dinámica de los protagonistas es buena y aunque la mayoría son arquetipos muy vistos en todos lados, las situaciones dónde se desenvuelven sirven al espectador para conectarse con uno u otro en diferentes momentos. Además de que la evolución de los mismos es palpable. A manera de flashbacks entenderemos por qué actúan de tal manera y nos ayuda a tomar cariño por ellos.

Lastimosamente pareciera que en el afán de seguir en emisión The Good Place se aferra a una fórmula que poco a poco se comienza a sentir repetitiva. No mencionaré mucho para no arruinar el contenido de la trama en subsecuentes temporadas pero en definitiva se siente un círculo situacional.

A manera de conclusión puedo decir que llegué por la comedia, me atraparon las lecciones filosóficas y me quedé por los personajes entrañables. The Good Place no es para cualquiera, pero vale la pena el intento de ver por lo menos la primera temporada e irse con un poco de aprendizaje, hasta puede que ayude a más de uno para replantear su comportamiento.

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